Hace tiempo junté unas cuantas palabras registrándolas bajo el nombre de “Donde sobre cuándo”. Muy correctamente las palabras mancharon las hojas tal como me salían de mi interior, pero por alguna que otra razón no llegué a darle forma completa, finalizarlas y libremente publicarlas. Las dejé en un rincón de una carpeta “incompletos” mucho tiempo y que casi a diario abría, leía y volvía a cerrar.
Había algo que realmente no me cuadraba y no permitía cerrar el círculo. Algo que no sabìa concretamente, pero por el cual mi alma me avisaba de que no era ni el momento ni lo correcto. Cada vez recibo, a golpes, la prueba de cuanto el alma no se equivoque. Cada vez más me imagino que dura tiene que ser la vida de un alma: sacar continuamente pureza, amor, sentimientos y sensaciones, indicaciones, mensajes y consejos desde nuestra parte más íntima y verlos derrumbados, desviados, resbalados o rebotados, anulados o ahogados por un contenedor (nuestro cuerpo en su totalidad) dentro del cual está destinada a vivir. Por suerte ella no para su actividad.. nunca. A pesar de recibir golpes y ver anulados todos sus esfuerzos continuamente, ella no para. Vaya valor, resistencia y resiliencia. Hay que homenajear todo eso y la manera más correcta, tal vez sea la más simple y difícil al mismo tiempo. Escucharla y confiar en ella.

Deja un comentario